martes, 28 de febrero de 2012

Mikel Erentxun - 24 Golpes (2012)


Siempre me ha resultado interesante la carrera de Mikel Erentxun en solitario, nunca he sido asiduo al cantante, pero he de decir que tengo épocas por las que me da por escucharlo, y mucho.

Con la excusa de la salida de su nuevo disco, 24 golpes, era inevitable hablar de él.
Nada más comenzar a escuchar el álbum, su primera y excelente canción, “Cuervos blancos”, ya tiene algo que sorprende: la voz de Mikel Erentxun. En muchos cortes del álbum podemos ver cómo Mikel deja a un lado su voz clara y suave (quizás a veces excesivamente suave) para dar paso a una voz más grave, quebrada y rasgada que recuerda mucho a la de su antiguo compañero en Duncan Dhu: Diego Vasallo. El experimento no le sale nada mal y da una ambientación muy interesante a las canciones en las que lo ejecuta.

Otra de las cosas que llaman la atención del álbum es la decisión de grabarlo en formato analógico (nada usual en estos tiempos de la gran era digital), lo cual le da un sonido que huele a esos antiguos discos de los 70 que no queda nada mal. La elección de Henry Hirsch como producto del álbum ayuda a la consecución de este curioso sonido. Productor habitual de Lenny Kravitz, se deja notar su estilo a lo largo del disco (las baterías en mi opinión suenan muy parecidas a las usadas por Kravitz en sus álbumes), encajando de una forma que resulta totalmente natural en el sonido Erentxun.

El álbum es un compendio de canciones que muestran todo tipo de emociones a lo largo del mismo, pasando de la más profunda tristeza amorosa en “Desfile” o “Srta Soledad” a cortes más optimistas como “A veces te quiero siempre” , se podría decir que cada canción del disco muestra un estado anímico del cantante.

Canciones como “Si te vas”, “Ropa vacía” (una de mis favoritas) o “Con la vida en los talones” (ésta última con un toque western), ponen al disco el punto rápido y enérgico que quizás se echaba más de menos en su anterior trabajo, “Detalle del miedo”. Y es que este es un disco donde se escuchan bastante las guitarras eléctricas, con una distorsión muy setentera en completa consonancia con el sonido del álbum.

Quizás la parte final del álbum, con baladas más acústicas pare un poco el ritmo del disco, pero no se hace pesado para nada, resultando unas canciones bellas e interesantes.

Mikel firma esta vez cinco de las letras del álbum y se reúne de otros autores (Jesús María Corman, José Ignacio Lapido o Rafael Berrio) para el resto, dando un buen resultado dentro de este aspecto.

En general podemos decir que nos encontramos ante un muy buen disco de Mikel Erentxun, que va explorando nuevos caminos tanto en sonido como a nivel compositivo, entrando en diferentes campos del pop, el rock y el blues, algo que se agradece y mucho en un artista como él, con tantos discos y años en activo a sus espaldas.

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